
Superada la decepción, superada las interrogantes, superada la sensación de extraño vacío, se inspira con profundidad, y se exhala el aire totalmente. Es el momento, es la hora, el instante preciso donde de nuevo se aplica la fuerza necesaria para que la ruleta comience a girar…
Se estiraran los músculos, se precalienta el corazón para que una vez más, bombee con la frecuencia óptima que da el saberse viva. Dejar que la sangre fluya de energía vital, regando cada una las células, devolviendo esa chispa que por unos instantes fatídicos menguo. Permitir que todas esas sensaciones, que quedaron sobrecogidas ante lo inesperado, vuelvan a brotar con total plenitud, con total fuerza renovadora, porque una vez más la ruleta vuelve a girar…
Y la ruleta vuelve a girar, jugando con el destino, apostando a ciegas, al todo o nada, al vivir o morir, a creer, a pesar de todo, que nada es tan terrible, como para perder la apuesta de la vida, de sus cosas bellas, de sus sinsabores agridulces, que nos hace valorar aquello que en ocasiones y por momentos creemos de ínfimo valor.
Si, con ganas, con la sonrisa que sale desde el interior, esa provocada por saber que siempre hay algo mejor esperando. Con el brillo de los ojos deslumbrado por un nuevo día, con el alma en vilo, estiro la mano y sujeto con alegre optimismo la rueda para, con un ligero, pero firme impulso, aplicar mis ilusiones haciéndola… una vez más….. girar…








